Más de 100.000 sustancias potencialmente neurotóxicas, pero solo 1.000 han sido estudiadas.

En 27 enero 2012, en Noticias, por Laura Cámara

Sólo se han estudiado alrededor de 1.000 sustancias para conocer su potencial neurotoxicidad y, sin embargo, circulan en el mercado europeo más de 100.000 productos distintos, según los datos manejados por la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Los europeos manipulamos en el trabajo más de 100.000 sustancias potencialmente neurotóxicas, pero solo 1.000 han sido estudiadas.

Sólo se han estudiado alrededor de 1.000 sustancias para conocer su potencial neurotoxicidad y, sin embargo, circulan en el mercado europeo más de 100.000 productos distintos, según los datos manejados por la Sociedad Española de Neurología (SEN). Además, con gran frecuencia, se utilizan mezclas de diversas sustancias, que acentúan el desconocimiento de la potencial neurotoxicidad de éstas. En España, la posible exposición a contaminantes químicos viene dada, en gran medida, por la utilización directa de productos químicos en el puesto de trabajo. Se estima que el 17,6% del total de los trabajadores españoles manipula contaminantes químicos, y que el 22% de los trabajadores europeos inhalan humos y vapores, al menos, durante una cuarta parte de su vida laboral. En el ámbito laboral, la inhalación es la vía de absorción de sustancias neurotóxicas más frecuente.

Un neurotóxico es cualquier sustancia capaz de producir un patrón constante de disfunción neuronal, cambios químicos o estructurales en el sistema nervioso. La neurotoxicidad se manifiesta con síntomas y signos que dependen de la dosis, la vía de absorción, la duración de la exposición y las variaciones individuales. Aunque la exposición a sustancias neurotóxicas de corta duración o a dosis bajas pueden causar cefaleas, mareos o a otro tipo de efectos reversibles, a medida que aumenta el tiempo o la dosis de la exposición, se pueden generar alteraciones neurológicas o incluso producir alteraciones morfológicas irreversibles.

La neurotoxicidad por substancias químicas es un hecho conocido desde hace ya mucho tiempo puesto que, como afectan con mayor frecuencia al Sistema Nervioso Periférico, sus síntomas se presentan en forma de neuropatías periféricas muy identificables tales como hormigueos, calambres, dificultad para respirar, nauseas,…. pero la afectación del Sistema Nervioso Central es menos conocida. Aun así, en la última Reunión Anual de la SEN, el Grupo de Estudio de Neurología del Trabajo, presentó una recopilación de los distintos estudios, casos y controles que se han publicado hasta la fecha. “Entre ellos, que la exposición a pesticidas se asocia a un mayor riesgo padecer Parkinson y Alzheimer; que los disolventes pueden ocasionar síntomas neuropsiquiátricos o incluso daño neuronal; también se ha descrito parkinsonismo por alta exposición al manganeso y al plomo; o que la exposición a metales participa en la formación de placas seniles y en la muerte neuronal; entre otros”, señala el Dr. Félix Viñuela Fernández, Coordinador del Grupo de Estudio de Neurología del Trabajo de la SEN. “La mayor parte de las sustancias neurotóxicas tienen efectos generalizados y afectan a los procesos celulares que intervienen en el transporte de membrana y a las reacciones intracelulares, interfiriendo la neurotransmisión. Pero también pueden atravesar la barrera hemato-encefálica, afectando, directamente, al sistema nervioso, con especial afinidad, algunos de ellos, por determinadas regiones”, explica.

Teniendo en cuenta éstos aspectos y que en Europa, hoy por hoy, la mortalidad por exposición a sustancias químicas peligrosas es muy superior, en cifras, a la mortalidad por accidentes de trabajo, la SEN quiere recalcar la importancia de que todos los estamentos que configuran la prevención de riesgos laborales se impliquen aún más en su labor. “La seguridad en el trabajo es fundamental para incrementar la competitividad y la productividad empresarial y contribuir a la viabilidad de los sistemas de protección social, ya que se traduce en una reducción del coste de los accidentes, de los incidentes y de las enfermedades, y en una mayor motivación de los trabajadores”, concluye el Dr. Félix Viñuela. “Pero es también un quehacer médico constante en cuanto a su prevención, identificación y tratamiento de las posibles consecuencias para la salud de los trabajadores y del medio ambiente”.

De acuerdo con los resultados de la última Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, las profesiones que destacan por su mayor frecuencia en la manipulación de productos químicos en el puesto de trabajo son: Personal sanitario (39,4%); Mecánicos, reparadores, soldadores (34,5%); Agricultores, ganaderos, pescadores y marineros (30,2%) y Obreros en producción industrial mecanizada (29,8%).

Fuente – ensalud.com

El 17% de los trabajadores españoles manipula sustancias y preparados nocivos o tóxicos en su puesto laboral.

En 23 enero 2012, en Noticias, por Laura Cámara

Según la Sociedad Española de Neurología (SEN) el 17% de los trabajadores españoles manipula sustancias o preparados nocivos en su puesto laboral. Varios factores tóxicos se han relacionado con un mayor riesgo de padecer dolencias neurológicas como el Parkinson o el Alzheimer.

El 17% de los trabajadores españoles manipula sustancias y preparados nocivos o tóxicos en su puesto laboral.

Según la Sociedad Española de Neurología (SEN) el 17% de los trabajadores españoles manipula sustancias o preparados nocivos en su puesto laboral. Varios factores tóxicos se han relacionado con un mayor riesgo de padecer dolencias neurológicas como el Parkinson o el Alzheimer.

A nivel europeo los datos no son más halagüeños, ya que los trabajadores del viejo continente manipulan en su empleo más de 100.000 sustancias potencialmente neurotóxicas, de las que solo 1.000 han sido estudiadas. Los datos de mortalidad en Europa por exposición a sustancias químicas peligrosas “son muy superiores a los de fallecidos por accidentes de trabajo”, ejemplifican.

Además, el 22% de los ciudadanos inhalan humos o vapores nocivos “durante, al menos, una cuarta parte de su vida laboral”. Esta es la vía de absorción de sustancias neurotóxicas más frecuente entre los trabajadores.

Entre los profesionales más expuestos a estas sustancias dañinas para la salud se encuentran los empleados del sector sanitario, del de mantenimiento, del agrario y del industrial. Estos utilizan “mezclas de diversas sustancias, que acentúan el desconocimiento de la potencial neurotoxicidad” de estas, explican desde la SEN.

LA EXPOSICIÓN PROLONGADA PROVOCA EFECTOS IRREVERSIBLES

Al principio de la exposición, los trabajadores “pueden sufrir cefaleas, mareos u otro tipo de efectos reversibles”. Sin embargo, a medida que aumenta la permanencia en el puesto laboral, “se pueden generar alteraciones neurológicas o incluso producir alteraciones morfológicas irreversibles”, aseguran los representantes del gremio de neurólogos.

Para el coordinador del grupo de estudio de Neurología del Trabajo de la SEN, el doctor Félix Viñuela Fernández “los disolventes pueden ocasionar síntomas neuropsiquiátricos o incluso daño neuronal y la exposición a metales participa en la formación de placas seniles y en la muerte neuronal”. A su juicio, “la mayor parte de las sustancias neurotóxicas afectan a los procesos celulares”.

Por todo ello, Viñuela Fernández hace un llamamiento a la seguridad laboral, que “es fundamental para incrementar la competitividad y la productividad empresarial, y contribuir a la viabilidad de los sistemas de protección social”.

Fuente – telecinco.es

La verdadera dimensión del riesgo químico

En 2 agosto 2011, en Artículos técnicos, por Celia Valmorisco

Estimaciones muy prudentes señalan que cada año, en España, más de 4.000 trabajadores y trabajadoras mueren por enfermedades derivadas de la exposición a sustancias químicas. Más de 33.000 enferman por exposición a productos químicos y alrededor de 18.000 accidentes de trabajo se producen por exposición a químicos. Según la VI Encuesta Nacional de Condiciones de [...]

Estimaciones muy prudentes señalan que cada año, en España, más de 4.000 trabajadores y trabajadoras mueren por enfermedades derivadas de la exposición a sustancias químicas. Más de 33.000 enferman por exposición a productos químicos y alrededor de 18.000 accidentes de trabajo se producen por exposición a químicos. Según la VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, casi el 50% de los trabajadores de la construcción y más del 42% en la industria están expuestos a sustancias tóxicas. Éstos son algunos de los datos que permiten dimensionar la importancia del riesgo químico desde el punto de vista sanitario, social y laboral.

También desde el punto de vista medioambiental, los datos de contaminación por sustancias tóxicas son alarmantes. La agregación de los datos de las distintas comunidades autónomas plantea que más del 80% de los ciudadanos y ciudadanas respiramos aire que contiene contaminantes por encima de lo que marca la Organización Mundial de la Salud. Un informe reciente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica señala que más de 16.000 personas mueren prematuramente en España a causa de la contaminación del aire.

Toni Musu, de la Confederación Europea de Sindicatos (ETUI), aportó algunos datos para el contexto europeo: alrededor del 16% de los trabajadores europeos ha declarado que manipula productos peligrosos y un 22% señala que inhala vapores tóxicos. ETUI ha calculado que un 30% de las enfermedades profesionales que se reconocen cada año en Europa están estrechamente relacionadas con la exposición a sustancias químicas y que cada año, en Europa, se producen 74.000 muertes derivadas de la exposición a estas sustancias químicas en el trabajo.

El proceso de prerregistro de sustancias químicas que se ha iniciado con el Reglamento REACH plantea que más de 146.000 sustancias químicas se comercializan en Europa sin conocer los riesgos que entrañan para la población, para los trabajadores y para el medio ambiente. En España, según estos datos, habría unas 90.000 sustancias. Esta cifra es cinco veces superior a la que se estimaba antes de que finalizara el proceso de prerregistro de REACH.

De las 146.000 sustancias que circulan en Europa, sólo 141 han sido evaluadas de forma completa y menos de 800 cuentan con un valor límite ambiental que permita controlar los niveles de exposición en las empresas. No hay registros públicos de exposición laboral o ambiental a dichas sustancias, los únicos datos son los de la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, donde son los propios trabajadores quienes estiman la exposición, pero sabemos que la falta de información de los trabajadores es generalizada.

Frente a esto, la literatura científica es cada vez mayor, y distintos estudios, como los realizados por el doctor Miquel Porta y su equipo, señalan que la población española está sometida a niveles preocupantes de contaminación química. No es de extrañar, pues, que las enfermedades relacionadas con la exposición ambiental a sustancias químicas (cáncer, problemas reproductivos, alteraciones hormonales, enfermedades inmunológicas, etc.) se hayan disparado en los últimos años tanto en España como en el mundo.

Como señaló Dolores Romano (ISTAS), la envergadura del riesgo químico y sus consecuencias para la salud de las personas contrasta con la incapacidad actual de las Administraciones públicas para hacer frente a este riesgo: “Su mayor debilidad consiste –señaló Dolores Romano– en su incapacidad para desarrollar una política integral frente al riesgo químico. Nueve ministerios tienen competencias específicas en relación al riesgo químico. Existen centenares de direcciones, subdirecciones y servicios en las 17 autonomías. Esto da lugar a la dispersión de competencias, a la ausencia de criterios comunes y a graves deficiencias de coordinación. Las Administraciones carecen de los recursos necesarios, sobre todo de personal funcionario capacitado, para hacer frente a la creciente demanda de trabajo. Otra de sus responsabilidades es el reconocimiento de los daños y ya nadie niega la envergadura del subregistro de enfermedades profesionales. Las comparaciones internacionales hablan por sí solas. Desde el 2000, cada año, la Administración francesa viene reconociendo que cerca de 2.000 personas padecen un cáncer de origen laboral. Esta cifra contrasta con los 60 casos reconocidos por la Administración española en 2009.

Para la gran mayoría de participantes en el VI Foro ISTAS un aspecto clave es negarse a adoptar enfoques individualistas. Como señaló Miquel Porta, “es fundamental que organizaciones como ISTAS y CCOO se opongan con rotundidad a las estrategias de privatización, medicalización o biomodificación de los riesgos químicos, para exigir políticas –si se me permite el pleonasmo– auténticamente poblacionales, porque aunque parezca un contrasentido existen muchas políticas individuales que intentan responsabilizar a las víctimas. Por tanto, más políticas causales, más investigación y acción sobre las causas del riesgo químico y no tantas políticas de consecuencias”.

Fuente - Revista Por Experiencia – ISTAS

El riesgo químico en la empresa

En 6 julio 2011, en Artículos técnicos, por Marta Gallardo

Estimaciones muy prudentes señalan que cada año, en España, más de 4.000 trabajadores y trabajadoras mueren por enfermedades derivadas de la exposición a sustancias químicas. Más de 33.000 enferman por exposición a productos químicos y alrededor de 18.000 accidentes de trabajo se producen por exposición a químicos. Según la VI Encuesta Nacional de Condiciones de [...]

Estimaciones muy prudentes señalan que cada año, en España, más de 4.000 trabajadores y trabajadoras mueren por enfermedades derivadas de la exposición a sustancias químicas. Más de 33.000 enferman por exposición a productos químicos y alrededor de 18.000 accidentes de trabajo se producen por exposición a químicos. Según la VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, casi el 50% de los trabajadores de la construcción y más del 42% en la industria están expuestos a sustancias tóxicas. Éstos son algunos de los datos que permiten dimensionar la importancia del riesgo químico desde el punto de vista sanitario, social y laboral.

También desde el punto de vista medioambiental, los datos de contaminación por sustancias tóxicas son alarmantes. La agregación de los datos de las distintas comunidades autónomas plantea que más del 80% de los ciudadanos y ciudadanas respiramos aire que contiene contaminantes por encima de lo que marca la Organización Mundial de la Salud. Un informe reciente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica señala que más de 16.000 personas mueren prematuramente en España a causa de la contaminación del aire.

Toni Musu, de la Confederación Europea de Sindicatos (ETUI), aportó algunos datos para el contexto europeo: alrededor del 16% de los trabajadores europeos ha declarado que manipula productos peligrosos y un 22% señala que inhala vapores tóxicos. ETUI ha calculado que un 30% de las enfermedades profesionales que se reconocen cada año en Europa están estrechamente relacionadas con la exposición a sustancias químicas y que cada año, en Europa, se producen 74.000 muertes derivadas de la exposición a estas sustancias químicas en el trabajo.

El proceso de prerregistro de sustancias químicas que se ha iniciado con el Reglamento REACH plantea que más de 146.000 sustancias químicas se comercializan en Europa sin conocer los riesgos que entrañan para la población, para los trabajadores y para el medio ambiente. En España, según estos datos, habría unas 90.000 sustancias. Esta cifra es cinco veces superior a la que se estimaba antes de que finalizara el proceso de prerregistro de REACH.

De las 146.000 sustancias que circulan en Europa, sólo 141 han sido evaluadas de forma completa y menos de 800 cuentan con un valor límite ambiental que permita controlar los niveles de exposición en las empresas. No hay registros públicos de exposición laboral o ambiental a dichas sustancias, los únicos datos son los de la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, donde son los propios trabajadores quienes estiman la exposición, pero sabemos que la falta de información de los trabajadores es generalizada.

Frente a esto, la literatura científica es cada vez mayor, y distintos estudios, como los realizados por el doctor Miquel Porta y su equipo, señalan que la población española está sometida a niveles preocupantes de contaminación química. No es de extrañar, pues, que las enfermedades relacionadas con la exposición ambiental a sustancias químicas (cáncer, problemas reproductivos, alteraciones hormonales, enfermedades inmunológicas, etc.) se hayan disparado en los últimos años tanto en España como en el mundo.

Como señaló Dolores Romano (ISTAS), la envergadura del riesgo químico y sus consecuencias para la salud de las personas contrasta con la incapacidad actual de las Administraciones públicas para hacer frente a este riesgo: “Su mayor debilidad consiste –señaló Dolores Romano– en su incapacidad para desarrollar una política integral frente al riesgo químico. Nueve ministerios tienen competencias específicas en relación al riesgo químico. Existen centenares de direcciones, subdirecciones y servicios en las 17 autonomías. Esto da lugar a la dispersión de competencias, a la ausencia de criterios comunes y a graves deficiencias de coordinación. Las Administraciones carecen de los recursos necesarios, sobre todo de personal funcionario capacitado, para hacer frente a la creciente demanda de trabajo. Otra de sus responsabilidades es el reconocimiento de los daños y ya nadie niega la envergadura del subregistro de enfermedades profesionales. Las comparaciones internacionales hablan por sí solas. Desde el 2000, cada año, la Administración francesa viene reconociendo que cerca de 2.000 personas padecen un cáncer de origen laboral. Esta cifra contrasta con los 60 casos reconocidos por la Administración española en 2009

Fuente- Revista Por Experiencia – ISTAS


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